La Dolfina Polo Café propone un almuerzo diferente en una ubicación privilegiada de Palermo, a pocos metros del MALBA. El restaurante combina un salón amplio y luminoso con una ambientación inspirada en el mundo del polo y una carta que apuesta por sabores conocidos, porciones abundantes y algunos acompañamientos que salen de lo habitual.
Fuimos a conocer La Dolfina Polo Café y probamos algunos de sus platos: desde una clásica provoleta con morrones asados y orégano hasta una milanesa de bife de chorizo acompañada por alioli de ajos confitados, mostaza antigua y salsa picante. También hubo bastones de papa fritos, calabaza cabutia con cottage, nueces y miel y, para terminar, una mousse de chocolate con garrapiñada de frutos secos. Una propuesta para sentarse con tiempo, comer bien y disfrutar de un almuerzo sin apuro.
Para vivir un mediodía completamente distinto, La Dolfina Polo Cafe es el lugar ideal. El restaurante propone una pausa del ritmo de la ciudad en una ubicación privilegiada, a pocos metros del MALBA. El entorno ya marca la diferencia: es de esos lugares que invitan a sentarse con tiempo, comer tranquilos y disfrutar de un almuerzo sin apuro.
El salón es amplio y luminoso, con muchas mesas y una distribución cómoda. La luz natural entra generosamente y hace que el ambiente se sienta todavía más abierto. Al fondo, una gran pared con libros y vinos, junto con cuadros que remiten al mundo de los caballos, le da identidad al espacio. A esto se suman distintos detalles vinculados al polo, como cascos y monturas, que aparecen integrados en la decoración y terminan de darle personalidad al lugar. El resultado es un ambiente cuidado y relajado, ideal tanto para un almuerzo entre amigos como para una comida más larga de fin de semana.
Para empezar, pedimos la provoleta con morrones asados y orégano, un clásico que funciona muy bien para compartir. El queso llega caliente y fundido, acompañado por el dulzor de los morrones asados y el aroma del orégano. Una entrada sencilla y sabrosa, de esas que siempre funcionan y que abren la comida de la mejor manera.
Entre los principales, elegimos la milanesa de bife de chorizo con alioli de ajos confitados, mostaza antigua y salsa picante. Una versión más contundente de un clásico porteño, con una carne de buen tamaño y tres salsas que permiten ir cambiando el sabor en cada bocado. El alioli, cremoso y con un marcado sabor a ajo, se combina con la mostaza antigua y el toque picante para darle más intensidad al plato.
Para acompañar, pedimos los bastones de papa fritos, un infaltable para cualquier milanesa, y la calabaza cabutia asada con cottage, nueces y miel. La calabaza llega tierna y ligeramente dulce, acompañada por la cremosidad del cottage, el crocante de las nueces y un toque de miel. Una guarnición diferente, que aporta variedad a la mesa y contrasta muy bien con la contundencia de la milanesa.
Para el final, elegimos la mousse de chocolate con garrapiñada de frutos secos. La mousse es cremosa y de sabor intenso, mientras que los frutos secos caramelizados aportan el toque crocante que completa el postre. Un cierre goloso para un almuerzo que se disfruta tanto por la comida como por el ambiente.
Delfino Polo Club es, en definitiva, una buena opción para cambiar de escenario sin alejarse demasiado de la ciudad. Su ubicación, el salón amplio y luminoso y una carta que combina clásicos con algunas alternativas diferentes lo convierten en un lugar ideal para sentarse a almorzar y quedarse un rato más.

