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Matías Michelini
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Matías Michelini y el arte de embotellar el paisaje argentino

Desde Gualtallary, el viticultor y enólogo reflexiona sobre el territorio, la herencia familiar y los proyectos que redefinen el vino argentino desde una mirada sensible y de largo plazo.

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El mundo del vino atraviesa un momento de transformación. Nuevas miradas, proyectos personales y formas más conscientes de producir conviven hoy con apellidos históricos que marcaron el pulso de la vitivinicultura argentina. En Mendoza, uno de esos nombres es Michelini. Pero en esta historia, el foco no está puesto en el clan sino en una figura clave: Matías Michelini.

Viticultor, enólogo y referente del Valle de Uco, Matías fue parte de la generación que, a fines de los años 90 y principios de los 2000, cuestionó los modelos dominantes del vino argentino para volver a mirar el territorio, el paisaje y las prácticas ancestrales como eje del hacer. Desde Gualtallary y a través de los proyectos que hoy lidera junto a su familia, impulsa una forma de entender el vino donde el pasado inspira, el presente se construye y el futuro se piensa a largo plazo.

Matías Michelini y una nueva forma de entender el vino argentino

La familia Michelini es hoy un referente de la más alta calidad del vino argentino. Instalados y viviendo en el Valle de Uco, especialmente en Gualtallary, su identidad se define desde una idea clara: ser viticultores de montaña. Amar y respetar el territorio no es una consigna, sino una forma de vida.

“Amamos y respetamos el lugar donde cultivamos nuestras viñas y nuestro mayor deseo como familia es embotellar el paisaje donde vivimos. El vino es un medio para eso: mostrar la identidad de un lugar, el trabajo y nuestra personalidad” comenta con pasión el enólogo.

Nuestro mayor deseo como familia es embotellar el paisaje donde vivimos
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Del vino técnico al vino con identidad: el quiebre de una generación

Esa manera de entender el vino contrasta con el escenario que dominaba la escena local dos décadas atrás. Durante años, el vino argentino estuvo marcado por el abuso de tecnología, la obsesión por la extracción, alcoholes elevados y el uso indiscriminado de la madera. El foco no estaba puesto en el origen, sino en un consumidor moldeado por tendencias externas.

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Mirar el lugar antes que al mercado: el origen de una filosofía

“No se miraba el lugar, se miraba al consumidor y a los gustos impuestos por algunos pocos periodistas. Nosotros fuimos precursores en cambiar todo eso y empezar a mirar al vino como revelador de un lugar, de una cultura y de un trabajo en familia” reflexiona Matías.

Gran parte de esa filosofía se fue gestando lejos de Mendoza. Viajando y dialogando con productores europeos, especialmente aquellos con una relación profunda con sus viñas, los Michelini encontraron una forma distinta de entender el oficio.

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Aprender de la tierra: viajes, raíces y respeto por el entorno

En cuanto a las raíces, Matias recuerda como los grandes trabajadores de la tierra, no sólo les transmitieron su conocimiento, sino también el ejemplo vivo del respeto a la tierra y el cuidado de sus cultivos. “Nos llamó mucho la atención el amor por su entorno, la dedicación al trabajo con la tierra y la preocupación por el cuidado de sus viñas. Sus vinos eran el reflejo de ese cuidado. No veían al vino como un comercio, sino como la expresión más pura de un paisaje”.

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Biodinamia y mínima intervención: una forma de vivir la viticultura

En ese camino apareció la biodinamia, primero como descubrimiento y luego como convicción. Inspirados por productores franceses cuyos vinos lograban emocionar, comenzaron a estudiar y aplicar estas prácticas en Argentina. “La agricultura biodinámica nos empezó a abrazar hasta convertirse para nosotros en una forma de vivir la agricultura, casi diría espiritual”, afirma Matías.

La agricultura biodinámica nos empezó a abrazar hasta convertirse para nosotros en una forma de vivir la agricultura

El huevo de concreto y el vino sin maquillaje

De esa mirada también surgió el interés por las formas naturales, como el huevo, que los llevó a incursionar en el uso de huevos de concreto para la elaboración de sus vinos, construyendo incluso sus propias vasijas en el país.

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Cuando la tecnología estandariza: el valor del trabajo humano

Con el tiempo, la familia fue entendiendo que en grandes paisajes la tecnología no siempre es necesaria. “La tecnología tiende a estandarizar y los buenos paisajes van más allá de eso. Necesitan del hombre, de su presencia en todo el proceso. Cuando las máquinas sacan al hombre, se pierde el carácter” confiesa con total confianza.

Sitio La Estocada: el proyecto personal de Matías Michelini en Gualtallary

Hoy, ese pensamiento se materializa con fuerza en Sitio La Estocada, el proyecto que Matías desarrolla junto a Ceci (su esposa) en Gualtallary. Más que una bodega, es su casa y su paisaje. Allí conviven nueve parcelas de viñedos, doce huertas, más de cuatrocientos frutales, apiario y granja con animales, todo en equilibrio y armonía.

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Familia, trabajo diario y transmisión generacional

Mientras Ceci cuida las huertas, los frutales y los animales, Matías se ocupa de las viñas y la bodega, acompañado por Paula (su hija) y su hermano Stefano, quienes lideran el trabajo diario y se forman en el amor por la tierra y el entorno.

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Matías Michelini

En un contexto donde se habla de crisis del vino y de un consumo cada vez menor de alcohol, Matías hace una lectura clara. Existen muchos tipos de consumidores, pero quienes eligen vinos como los de la familia Michelini son “personas sensibles, que conectan con la historia, el lugar y el carácter del producto”, dice Matías.

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Pensar a largo plazo: cuidar hoy el paisaje del mañana

Frente a ese escenario, la respuesta es sostener una mirada de largo plazo. “Hay que mantenerse sólidos, genuinos y seguir pensando en las generaciones que vendrán cuidando estas vides y este paisaje”, afirma.

Cambiar el eje del vino argentino: del poder al territorio

Mirando hacia adelante, Matías imagina que el camino iniciado por la familia Michelini será recordado por haber cambiado el eje de la conversación. “Cuando la calidad se sostenía por la potencia, la extracción y la madera, nosotros izamos la bandera del territorio y el paisaje”, concluye.

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